My New Band Believe

Una generación que quiso romper el rock
Cuando Cameron Picton apareció a fines de la década de 2010 junto a black midi, la escena alternativa británica encontró uno de esos grupos imposibles de domesticar. Formados en Londres por estudiantes del BRIT School, el cuarteto integrado por Picton, Geordie Greep, Morgan Simpson y Matt Kwasniewski-Kelvin se convirtió rápidamente en una anomalía dentro del rock británico contemporáneo: demasiado técnico para el post-punk tradicional, demasiado caótico para el indie convencional y demasiado joven para sonar con semejante ambición.
Desde sus primeros conciertos en el circuito del Windmill de Brixton, black midi desarrolló una reputación feroz gracias a shows impredecibles y composiciones que mezclaban math rock, jazz, noise, prog y experimentación improvisada. Picton ocupó un rol central como bajista, cantante y compositor, aportando una voz más melancólica y narrativa frente al histrionismo teatral de Greep.
El grupo debutó con Schlagenheim en 2019 por Rough Trade Records. Un álbum recibió elogios masivos de la prensa especializada. Con Cavalcade, de 2021, black midi amplió todavía más su lenguaje musical y confirmó que el grupo no era un fenómeno pasajero. Un año después llegó Hellfire, que obtuvo una nominación al Mercury Prize, consolidando a a la banda como una de las bandas británicas más celebradas de su generación.
Sin embargo, detrás del reconocimiento crítico también aparecía el desgaste. Las giras permanentes, la presión alrededor del grupo y las diferencias creativas comenzaron a erosionar lentamente el proyecto. En agosto de 2024, Geordie Greep anunció públicamente que black midi estaba “indefinidamente terminada”, una decisión que sorprendió incluso a parte del entorno de la banda.
Entre grabaciones caseras y el rechazo a una carrera solista convencional
Tras la disolución de black midi, Cameron Picton quedó frente a una pregunta incómoda: cómo seguir después de haber formado parte de una de las bandas más comentadas del rock experimental británico reciente. Según contó en entrevistas posteriores, durante ese período sintió una fuerte necesidad de continuar trabajando, aunque ya no dentro de la lógica agotadora que había definido los últimos años de black midi.
En lugar de lanzarse inmediatamente como solista tradicional, Picton comenzó a realizar conciertos acústicos y a publicar grabaciones caseras, demos y mixtapes bajo el alias “Camera Picture”. Aquellas ediciones funcionaron como una especie de laboratorio creativo informal: material sin presión comercial, distribuido para probar ideas y recuperar una relación más espontánea con la música.
Durante esos meses, Picton rechazó deliberadamente la idea de construir una “carrera solista” clásica pero tampoco quería fundar otra banda fija inmediatamente después de black midi. La solución terminó apareciendo en una zona intermedia: un proyecto abierto, colaborativo y mutable, donde distintos músicos pudieran participar sin la estructura rígida de una formación permanente.
Un sueño febril y una banda sin forma fija
El proyecto finalmente tomó forma en 2025 bajo el nombre My New Band Believe, una denominación que el propio Cameron Picton describió con cierta ironía y vergüenza. El nombre surgió durante un episodio febril en China, casi como una imagen onírica que terminó quedándose definitivamente. Ese componente de irrealidad, sueño y confusión emocional pasó luego a impregnar gran parte de la identidad estética del grupo.
Desde el principio, Picton definió My New Band Believe como un proyecto deliberadamente flexible. Aunque él ocupa el centro creativo como compositor y cantante, la propuesta funciona alrededor de colaboradores rotativos y músicos invitados. En entrevistas de 2026 explicó que le interesaba escapar tanto del individualismo del “cantautor” como de la presión estructural que había sentido en una banda tradicional.
El sonido también marcó una ruptura importante respecto de black midi. Picton comenzó a explorar arreglos acústicos, instrumentación orquestal, folk barroco, free jazz, sophisti-pop y elementos de música tropical y flamenca. En distintas notas describió el material como “casi enteramente acústico”, alejándose conscientemente de la agresividad eléctrica asociada a su antigua banda.
El primer lanzamiento oficial de My New Band Believe llegó el 14 de febrero de 2025 con el single “Lecture 25”, que presentó públicamente el nuevo universo musical de Picton. La recepción crítica destacó inmediatamente la distancia respecto del caos maximalista de black midi y la inclinación hacia arreglos más delicados y cinematográficos.
Un rompecabezas acústico
Poco después, el proyecto anunció su álbum debut homónimo, My New Band Believe, publicado el 10 de abril de 2026 por Rough Trade Records. Durante la promoción apareció también el single “Numerology”, como una pieza independiente que finalmente no integró la edición estándar del álbum. Un mes más tarde llegó “Love Story”, una canción que rápidamente se transformó en uno de los ejes emocionales del disco.
Lejos de concebir el álbum como una continuación estética de black midi, Cameron Picton decidió imponer reglas estrictas durante el proceso creativo: construir un disco predominantemente acústico, evitando depender de la distorsión eléctrica o de capas excesivas de efectos digitales. Esa limitación terminó definiendo buena parte del carácter del álbum: arreglos de cuerdas, guitarras de nylon, clarinetes, contrabajos, percusiones orgánicas y una instrumentación que privilegiaba profundidad antes que volumen.
Las sesiones de grabación se desarrollaron entre agosto de 2024 y agosto de 2025, con producción compartida entre Picton, Jasper Llewellyn y Mike O’Malley, ambos integrantes de caroline. A diferencia del método utilizado en black midi, las canciones no nacieron a partir de demos previos. Los músicos grababan múltiples tomas completas en vivo y luego Picton ensamblaba distintas secciones para construir las versiones definitivas.
El disco terminó funcionando como una especie de gran colectivo abierto. Participaron más de veinte músicos y cantantes, entre ellos Steve Noble, Kiran Leonard, Andrew Cheetham y Kaius Williams, además de numerosos colaboradores provenientes de la escena experimental londinense vinculada al Windmill.
La recepción crítica fue inmediata y extremadamente positiva. NME calificó el álbum como “una obra maestra descomunal y expansiva”, otorgándole cinco estrellas y celebrando la ambición de sus arreglos orquestales. Pitchfork destacó la combinación entre melodías barrocas, folk experimental y estructuras impredecibles.
