Entrevista a Gwenno

Entre lenguas, memorias y utopías personales
Desde Cardiff, Gales, Gwenno Mererid Saunders ha trazado una carrera musical tan inusual como fascinante, moviéndose entre idiomas y formas sonoras con una curiosidad implacable. Ex integrante de la banda pop The Pipettes, Gwenno dejó atrás los escenarios de indie pop para construir una obra solista que desafía categorizaciones: desde el electropop en galés de Y Dydd Olaf (que le valió el Welsh Music Prize) hasta el álbum íntegramente en córnico Le Kov y Tresor, este último nominado al prestigioso Mercury Prize en 2022, siendo el primer disco en córnico en lograrlo.
Su más reciente trabajo, Utopia (2025), marca un nuevo giro distinto en su trayectoria: por primera vez, la mayoría de las canciones están en inglés, aunque conserva piezas en galés y córnico, reflejando así múltiples facetas de su vida y su herencia cultural.
En esta entrevista exclusiva con Radio Britannia, Gwenno reflexiona sobre Utopia como punto de inflexión creativo y personal, la importancia de las lenguas minoritarias, el papel de la maternidad en su proceso creativo, y cómo su música ha ido tejiendo un puente entre memoria, identidad y futuro.
Escribir desde otro lugar
– Tu nuevo álbum “Utopia” llega en un momento clave de tu carrera. ¿Qué se sintió diferente en este proceso en comparación con tus primeros tres discos solistas?
«Cada álbum se siente diferente porque entre uno y otro pasan muchas cosas en mi vida, así que en realidad todos son un reflejo de distintas etapas. Estaba embarazada de mi hija durante la composición de este disco, y nunca había escrito un álbum en ese momento de mi vida. Creo que eso me volvió más reflexiva, especialmente sabiendo que estaba esperando una niña; me hizo pensar más en mi experiencia desde esa perspectiva y en qué me gustaría compartir con ella.»
– ¿Cómo fue la experiencia concreta de componer y grabar “Utopia”? ¿Qué aprendizajes trajiste de trabajos anteriores y qué decidiste hacer distinto esta vez? ¿Cómo fue colaborar con artistas como Cate Le Bon y H. Hawkline durante el proceso del álbum?
«Quería volver al piano, el primer instrumento que aprendí cuando era niña, y quería explorar más con los acordes. Esos eran los principales desafíos que me propuse, ya que llevaba más de una década componiendo con laptop, sintetizadores y beats, y estaba extrañando cierta dinámica en la musicalidad de las canciones que estaba escribiendo. Grabamos en vivo como banda, y eso fue una lección en sí misma, porque lo hicimos todo en nuestro living (como siempre), y fue una curva de aprendizaje muy pronunciada en cuanto a qué necesita tener el material en bruto para que te sientas satisfecha con él. La colaboración con Cate Le Bon y H. Hawkline surgió de manera orgánica, a partir de este estado de reflexión en el que quería invitar al disco a artistas a quienes conozco desde hace años y admiro profundamente. Fue algo muy natural y ni siquiera tuvimos que hablar demasiado sobre las canciones para que todo encajara; una verdadera muestra de su enorme capacidad musical y del hecho de que nos conocemos muy bien.»
– ¿Ves este disco como un nuevo comienzo dentro de tu carrera solista? ¿Cómo te gustaría que fuera el próximo paso después de “Utopia”?
«Veo ‘Utopia‘ como una especie de cierre del primer período de mi recorrido musical. He tenido muchas vidas, y quiero que toda esa experiencia alimente mi música, porque se siente más auténtica así. El álbum fue una manera de tener esa conversación conmigo misma: esto es todo lo que he sido, sacarlo todo para que se cree un nuevo espacio y una hoja en blanco. Ha sido catártico, y me alegra mucho que ya esté ahí afuera. Gran parte del disco trata sobre intentar ser más amable con una misma por todas las lecciones que has tenido que aprender en el camino. Ahora que ya está hecho, es momento de soltarse de verdad. Así es como lo siento. Todo está en juego y estoy libre de mi pasado porque lo enfrenté de frente.»
Una discografía como línea de vida
– Mirando hacia atrás, desde “Y Dydd Olaf” hasta “Utopia”, ¿sentís que cada álbum refleja una etapa distinta de tu vida, o hay un hilo conductor que los une a todos?
«Todos mis discos siguen la línea temporal de mi vida, es la forma en que he usado la música hasta ahora. Volví al comienzo con ‘Y Dydd Olaf‘, ‘Le Kov‘, ‘Tresor‘, y luego ‘Utopia‘ representa el momento en que dejo el hogar por primera vez. Me ha llevado muchas décadas procesar creativamente lo que ha pasado en mi vida, y descubrí que hacer música y escribir canciones me ha ayudado enormemente a poner cierto orden en todo eso.»
– Desde Sudamérica solemos ver una fuerte tradición de artistas irlandeses defendiendo su idioma, desde los clásicos hasta fenómenos más recientes, pero no tantos ejemplos galeses (más allá de casos como Super Furry Animals, The Joy Formidable o, más recientemente, Adwaith), y aún menos en córnico. ¿Cuál es tu mirada sobre esa diferencia y cómo ves tu rol en la lucha por revitalizar lenguas minoritarias?
«Es fascinante escuchar esa perspectiva sobre las lenguas celtas. Me encantaría saber a qué bandas irlandesas te referís, porque las únicas que se me ocurren que canten en irlandés son quizá Clannad y Enya, históricamente. El galés es la lengua celta más hablada, con alrededor del 20% de la población que la habla con fluidez (comparado con el 6% en Irlanda, según el censo de 2022), y la música en galés tiene una historia tan rica y variada que no hay un género musical que no tenga canciones en galés, puedo afirmarlo con confianza. Además, es muy popular a nivel local, así que puede ser simplemente que muchos artistas no hayan sentido la necesidad de salir al mundo a compartir sus canciones cuando tienen audiencias tan grandes en casa. En cuanto al córnico, soy una de unas 500 personas que lo hablan con fluidez, así que es un poco más difícil encontrar muchos artistas que puedan girar internacionalmente. Aun así, hay muchísimas bandas y artistas increíbles que trabajan en córnico; realmente es un lugar que rinde muy por encima de su tamaño.»
Cuando el idioma también es territorio
– En tu canción “Den Heb Taves” (“un hombre sin lengua”), abordás la pérdida de identidad que acompaña a la pérdida del idioma. ¿Cómo se conecta esa idea con tu trabajo comunitario y con el legado que te gustaría dejar?
«Creo que el lenguaje guarda la historia de todas las personas que lo han utilizado a lo largo de los siglos; tiene una cualidad casi mágica, como si fuera una máquina del tiempo. Cuando se pierde una lengua, especialmente una que se ha usado para describir el territorio en el que vivís y trabajás, se pierde una enorme cantidad de información e interpretación sobre el pasado y sobre las vidas y pensamientos de quienes vinieron antes. Es mejor estar conectado con todo lo que ha sido, porque eso te ayuda a sentirte más arraigada a nivel personal y también a tomar mejores decisiones sobre lo que viene después. Comparto esta mirada porque me entusiasma muchísimo; me inspira profundamente y me da una gran confianza sobre de dónde vengo, en una sociedad capitalista que solo valora la monocultura.»
– “Tresor” fue nominado al Mercury Prize en 2022, convirtiéndose en el primer álbum en córnico en lograrlo. ¿Qué significó ese reconocimiento para vos, tanto a nivel personal como cultural?
«Fue una gran plataforma para compartir el idioma con más gente y para generar conciencia de que somos una isla multilingüe en Gran Bretaña, aunque seamos un Estado monolingüe (el Reino Unido). Lo digo también como alguien que vive en una zona de Cardiff donde se hablan más de 100 lenguas comunitarias. Amo la diversidad lingüística y cultural que me rodea; me recuerda cuán rico y variado es nuestro mundo.»
Aprender en colectivo
– Este año se cumplen dos décadas desde que muchas personas te descubrieron por primera vez con The Pipettes. Mirando hacia atrás, ¿qué recuerdos te trae ese período y cómo sentís que moldeó tu recorrido artístico?
«Me influyó enormemente y aprendí muchísimo al estar en una banda con otras seis personas jóvenes que tenían opiniones y gustos musicales muy distintos. Fue una curva de aprendizaje muy intensa, con muchas risas, pero estoy realmente feliz de no tener que volver a vivir mis veintitantos nunca más.»
– Como embajadora de ‘Independent Venue Week’, y dada tu cercanía con las escenas galesa y córnica, ¿qué artistas contemporáneos que trabajen en lenguas minoritarias destacarías hoy?
«Dos bandas galesas: Pys Melyn y Tristwch y Fenywod. Ambas encarnan ese espíritu anárquico, no conformista, agudo e infinitamente creativo que puede ofrecer la experiencia galesa si estás lo suficientemente arraigado y abierto como para dejarla entrar. Amo profundamente a las dos bandas, y cuando las escucho siento que todo está bien en el mundo.»
– La industria musical ha cambiado drásticamente en los últimos años, tanto en los costos de producción como en las formas de llegar al público. ¿Cómo vivís estos cambios como artista independiente? ¿Qué desafíos encontrás hoy para sostener un proyecto en tu propio idioma dentro de una industria globalizada?
«Creo que sobrevivir como artista en cualquier época parece una idea bastante absurda sobre el papel, y si pensara demasiado en lo que estoy haciendo, no creo que estaría acá hoy. Tenés que mantenerte alerta y comer bien, y con eso quizás tengas una oportunidad de seguir en ese camino creativo, sea cual sea el destino.»
Escenas vivas, sin nostalgia
– ¿Cómo percibís el panorama cultural actual en Gales y Cornualles? ¿Ves a una nueva generación de artistas abriendo caminos similares a los que vos recorriste?
«Cada persona tiene su propio camino, su propio viaje. Me preocupa el impacto de la globalización digital de la cultura que nos ha afectado a todos en los últimos años, y tener una lengua minoritaria ya no te vuelve inmune a eso como quizá podía hacerlo en el siglo XX. Creo que todos necesitamos ser más agudos y mantener el foco en rechazar el neoliberalismo.»
– Desde tu perspectiva, ¿qué conocés de la cultura y las escenas musicales de Sudamérica? ¿Tuviste contacto con artistas de la región o te gustaría explorar esas conexiones en el futuro? Si pensás en una audiencia latinoamericana que recién empieza a descubrir tu obra, ¿qué aspecto de tu música te gustaría que fuera su primer punto de entrada?
«Víctor Jara fue una figura muy importante en mi crianza, y su música formó parte de la banda sonora de mi infancia. Políticamente, también fueron influyentes las canciones y las historias de Nicaragua y el recorrido político de Cuba, especialmente en el sur de Gales, de donde soy, ya que estábamos muy ligados al movimiento de solidaridad internacional a través de la lucha por la Ley del Idioma Galés, la huelga de los mineros, el movimiento anti-apartheid, la CND, el campamento de paz de mujeres de Greenham Common, y el coro socialista callejero de mi madre y las canciones que cantaban. Más adelante, los artistas y bandas surgidos del movimiento tropicália fueron una influencia enorme en términos de estilo, intención, todo en realidad. Son los que se me vienen a la mente ahora mismo, pero me encantaría aprender mucho más sobre la cultura sudamericana, porque es riquísima y muy diversa, y por mi propia experiencia, tiene muchísimo para enseñarnos e inspirarnos.»
Cerrar ciclos para abrir espacio
Lejos de funcionar como un “nuevo comienzo” en el sentido clásico, Utopia aparece en la voz de Gwenno como un gesto de cierre consciente: el final de un primer gran tramo vital y creativo, asumido sin nostalgia pero con una lucidez poco frecuente. La maternidad, el regreso al piano, la grabación en vivo y la colaboración con artistas cercanos no operan como recursos estéticos, sino como herramientas para ordenar una biografía atravesada por lenguas, territorios y memorias que necesitaban ser miradas de frente.
A lo largo de la entrevista, Gwenno deja claro que su relación con el galés y el córnico no responde a una consigna militante vacía, sino a una convicción profunda sobre el valor del lenguaje como archivo emocional y político. En tiempos de globalización cultural acelerada, su obra insiste en la importancia de lo situado, de lo específico, de aquello que no busca validación externa para existir. No hay nostalgia en ese gesto, sino una forma de resistencia serena y sostenida.
Con Utopia ya publicado y el pasado asumido sin concesiones, Gwenno se permite algo que suena casi radical: la libertad. Todo está abierto, nada está garantizado, y ese parece ser justamente el punto. Más que una promesa de futuro, este disco funciona como un espacio despejado desde el cual volver a crear sin lastre. No se trata de llegar a ningún lugar ideal, sino de seguir avanzando con conciencia, dejando que las canciones hagan lo que siempre hicieron mejor: poner orden donde antes había ruido.
