Entrevista a Kula Shaker

Kula Shaker (Photo by Dutch Doscher)
Kula Shaker (Photo by Dutch Doscher)

Tres décadas de psicodelia, misticismo y rock intempestivo

En pleno auge del britpop, Kula Shaker irrumpió como un fenómeno singular: un grupo que no temía mirar más allá de los márgenes del rock británico para incorporar sonoridades indias, referencias espirituales y un enfoque psicodélico con raíces profundas en los años sesenta. Su debut «K» (1996) no solo los posicionó como una de las bandas más originales de su generación, sino que también les otorgó un inusual éxito comercial, que les permitió abrir un camino propio, paralelo a la narrativa dominante de la época.

Treinta años después de aquellas primeras maquetas grabadas bajo el nombre The Kays, el grupo liderado por Crispian Mills mantiene su identidad intacta. Su propuesta, marcada por la devoción por la figura de George Harrison, la poesía oriental y la búsqueda de lo trascendente, sigue encendiendo la imaginación de nuevas generaciones que descubren en su música una alternativa a la uniformidad. Kula Shaker se ha ganado un lugar de culto gracias a una discografía que incluye obras tan ambiciosas como «Peasants, Pigs & Astronauts», y una energía creativa que nunca dejó de latir, incluso en sus años de pausa.

Con una nueva etapa en marcha —y dos discos en preparación, según anticipa el propio Mills— la banda vuelve a ser noticia. El regreso de Jay Darlington al teclado ha inyectado una dosis de entusiasmo renovado, y canciones como «Charge of the Light Brigade» y «Broke As Folk» confirman que la inspiración sigue fluyendo. En esta entrevista exclusiva con Radio Britannia, Crispian Mills repasa los orígenes del grupo, el legado de su obra, la escena musical actual y un deseo largamente postergado: tocar por primera vez en Sudamérica.

— Han pasado exactamente 30 años desde que empezó a gestarse la idea de Kula Shaker. ¿Qué recuerdos tenés de aquellos primeros días, o incluso de los pasos previos a la formación oficial de la banda?

«Empezamos llamándonos The Kays, pero cada vez que las discográficas rechazaban nuestras maquetas, cambiábamos de nombre y volvíamos a empezar. Finalmente, nos convertimos en Kula Shaker, en honor al rey poeta y santo del siglo IX, Kulasekhara, un gran devoto del Señor Krishna. Toda la banda vivía junta en un departamento del norte de Londres, que era nuestra burbuja creativa, una realidad alternativa. Éramos caballeros en busca del Santo Grial, y, para ser justos, todavía lo somos. Creo que fue el gran poeta irlandés W.B. Yeats quien dijo algo así como «nada es real y todo es verdad», así que para nosotros era un poco eso. Nos conectamos con nuestros sueños, y esos sueños se convirtieron en nuestra realidad. No ‘creamos’ la banda, por así decirlo. Kula Shaker se nos manifestó, lentamente, con el tiempo. Nosotros simplemente somos los sirvientes de los sirvientes del rey que fue y será».

— Su primer álbum «K» salió en 1996, y nos imaginamos que fue un disco que les cambió la vida. ¿Cómo lograron ese equilibrio entre el rock clásico y la cultura india? ¿Y por qué creés que conectó tan profundamente con el público?

«No estoy seguro de cuál era nuestra fórmula mágica. El público apreciaba que hiciéramos lo nuestro. La “autenticidad” quizás tuvo algo que ver también. Y además estábamos divinamente inspirados —éramos “mad for it” en el sentido más verdadero. La gente espera que sus estrellas del pop vivan al límite, y nosotros estábamos encantados de hacerlo».

Un accidente cronológico llamado Britpop

— Hoy vivimos un revival de mediados de los noventa, una época en la que Kula Shaker se destacó con una identidad musical audaz y diferente. ¿Qué recuerdos tenés de aquella escena en el Reino Unido, y cómo veías entonces la etiqueta “Britpop”, que muchas veces no parecía encajar con ustedes?

«Paul (Winterhart) llama a nuestra etiqueta de “britpop” un accidente cronológico, lo cual es gracioso. Encajábamos en ese momento porque éramos otra banda de guitarras y compartíamos muchas referencias a los Beatles, que Blur y especialmente Oasis mostraban con orgullo. Pero a diferencia de ellos, nosotros seguíamos los pasos de George Harrison, que era un viaje mucho más espiritual. El público buscaba algo de esa aventura y esa libertad. Había un límite para la cantidad de “Country House” y “Roll With It” que uno podía tolerar».

Kula Shaker – Mystical Machine Gun

— Siempre que hablamos de Kula Shaker en el equipo de Radio Britannia, surge la idea de que «Peasants, Pigs & Astronauts» no recibió el reconocimiento que merecía en su momento. ¿Cómo ves hoy ese disco? ¿Qué representó para la banda en aquel entonces?

«Fue un disco difícil de hacer, porque ya habíamos cumplido muchas metas con K. Pero muchos grandes discos tardan décadas en encontrar su lugar. Trabajábamos con una vibra muy retro, pero en cuanto a ideas y conceptos, estábamos MUY adelantados a nuestro tiempo, y lo pagamos caro. «PP&A» es Kula Shaker perdiendo la noción del tiempo en el estudio flotante de Pink Floyd, volviéndose locos con Bob Ezrin y una chequera. ¿Qué no hay para amar?.»

La permanencia como forma de resistencia

— En los últimos 15 años, la banda se ha consolidado como un proyecto de rock atemporal que sigue conectando más allá de las modas. ¿De dónde creés que viene esa capacidad de mantenerse vigente y resonar con nuevas generaciones?

«»Un proyecto de rock atemporal que sigue conectando más allá de las modas pasajeras». Me gusta cómo lo formulaste. ¡Voy a agregarlo a nuestra biografía! La verdad, no tengo idea de cuán relevantes o irrelevantes nos ven los demás. Solo tratamos de mantenernos inspirados y con hambre. Nunca nos hicimos ricos con la banda, lo cual ayuda bastante».

— Ya escuchamos dos nuevos singles —«Charge of the Light Brigade» y «Broke As Folk»— y tenemos que preguntar: ¿hay un nuevo disco en camino? Si es así, ¿podés adelantarnos algo sobre la fecha de salida o el sonido que tendrá?

«Sí. Planeamos lanzar dos nuevos discos en los próximos 18 meses. Todo forma parte de este tsunami imparable de música que se desató con el regreso de Jay Darlington y su órgano colosal».

La industria después del viaje a Mordor

— Desde los inicios de la banda, la industria musical ha cambiado radicalmente: el streaming, los bajos royalties, los costos crecientes de las giras. ¿Cómo ves el panorama actual para los jóvenes artistas que quieren vivir de su pasión?

«Veo el negocio musical como Tolkien describe La Comarca después de que Frodo y sus amigos regresan de Mordor. Todo está arrasado; los hobbits se convirtieron en esclavos, todos están pobres y son azotados por unos imbéciles. La industria musical es un poco así ahora. Los hobbits tienen que levantarse».

Kula Shaker – Indian Record Player

— El cine es otra de tus pasiones: escribiste y dirigiste películas. ¿Seguís interesado en ese camino creativo? ¿Hay nuevos proyectos en puerta que puedas compartir?

«Lo único que puedo decir es que, si hago otra película, será un musical».

— En estos 30 años con Kula Shaker, ¿alguna vez surgió la posibilidad de girar por Sudamérica? ¿Conocés algo de la cultura o la música de la región? Sería un sueño verlos tocar por acá.

«Nos encantaría tocar en Sudamérica. Hasta ahora solo fuimos a Chile, y una sola vez. Nuestros nuevos managers están muy entusiasmados con la idea de llevarnos, así que… empiecen a visualizarlo, por favor».

— Para cerrar, ¿cómo ves hoy la escena musical del Reino Unido? ¿Hay artistas, discos o movimientos nuevos que te hayan llamado la atención últimamente?

«Cualquiera que tenga algo para decir, que sea auténtico, que piense de forma independiente y sea lo bastante valiente como para seguir su propia estrella —especialmente en estos tiempos de conformismo masivo—. Así que no se trata tanto de la música que escucho, sino de personas con ideas audaces. Podía apreciar a Kanye, aunque estuviera algo loco. Mis hijos me hicieron descubrir a MF DOOM, pero lamentablemente ya pasó al otro lado. Recientemente, me encantó la película de Kneecap».

Psicodelia con pasaporte

Treinta años después de su irrupción, Kula Shaker sigue desafiando las etiquetas fáciles y los ciclos de moda. Su mezcla de rock clásico, espiritualidad oriental y psicodelia británica no solo resistió la prueba del tiempo, sino que se convirtió en una brújula creativa que aún guía su camino. Lejos de los lugares comunes del revival o la nostalgia, Crispian Mills y compañía eligen el camino del riesgo, de la búsqueda interna y de la independencia artística, sin perder nunca el sentido del humor ni la capacidad de asombro.

Con dos nuevos discos en el horizonte y una energía que parece provenir de otro plano —o quizás de otra era—, Kula Shaker demuestra que hay formas de permanecer fiel a una visión sin quedar atrapado en el pasado. En tiempos de uniformidad estética y algoritmos previsibles, su persistencia resulta tan refrescante como necesaria.

Tal vez por eso, después de esta charla, la idea de verlos finalmente en un escenario sudamericano ya no suena a utopía, sino a algo que podría —y debería— suceder. Y si de algo estamos seguros en Radio Britannia, es que la psicodelia también puede tener pasaporte.

Kula Shaker – Broke As Folk

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