Entrevista a Hope of The States

El regreso de una banda poseída por su propio sonido, reinventada en clave emocional
A comienzos de los 2000, mientras el britpop se desvanecía y el post-rock aún era terreno de culto, emergía desde Chichester, Inglaterra, un grupo que parecía venir de otro mundo: Hope of the States. Formados en 2000, su sonido mezclaba la épica orquestal con guitarras tensas, melodrama político y una sensibilidad cinematográfica que los desmarcó de la escena británica del momento.
Su disco debut, «The Lost Riots» (2004), fue aclamado por la crítica, pero quedó inevitablemente marcado por una tragedia: el suicidio de Jimmi Lawrence, guitarrista y miembro fundador, durante la grabación del álbum. Esa pérdida le dio al disco un aura oscura y profética, convirtiéndolo con el tiempo en una obra de culto, o incluso —como muchos sugieren— en un «disco maldito».
Tras un segundo álbum más directo y menos celebrado, «Left» (2006), la banda se disolvió sin estridencias. Durante años, el nombre de Hope of the States quedó en una suerte de limbo nostálgico: demasiado grande para ser olvidado, demasiado breve para ocupar el lugar que quizás merecía en la historia del indie británico.
En 2024, casi dos décadas después de aquel final abrupto, Hope of the States volvió a aparecer en el mapa con el lanzamiento de “Long Waits in A & E”, una épica de más de once minutos que retoma el espíritu maximalista del debut, seguida en 2025 por “Footage/Steamtrain”, un tema más directo y furioso. La reaparición vino acompañada de un puñado de conciertos y, sobre todo, de una sensación: algo se estaba gestando otra vez.
Con esa excusa —y con la necesidad inevitable de volver a mirar hacia atrás— hablamos por correo con Sam Herlihy, voz y alma de la banda. Sus respuestas, tan breves como honestas, trazan un mapa emocional del pasado y un presente sin certezas, pero con algo más valioso: libertad creativa.
Recuerdos y legado de un debut marcado por la tragedia
– El año pasado se cumplieron 20 años de «The Lost Riots», un álbum verdaderamente revolucionario para quienes amamos ese equilibrio entre el post-rock y una forma más tradicional de indie rock (por falta de una mejor etiqueta). ¿Qué recuerdos tenés de ese período y de la recepción que tuvo el disco en su momento?
«Fue una época rara. Para nosotros, con todo lo que ocurrió, fue una mezcla muy extraña de algunos de los mejores y peores momentos de nuestras vidas, todos revueltos. Fue emocionante, pero también todo se sintió un poco fuera de control, especialmente después de perder a Jimmi. La recepción también fue un poco rara. No estoy seguro de que el disco alguna vez se haya percibido del todo por lo que realmente era. Todo lo que hicimos siempre fue visto a través de esa lente, lamentablemente».
– El disco puede disfrutarse plenamente sin conocer la historia detrás de su grabación, pero con los años ha adquirido un peso extra. ¿Sentís que se convirtió en un álbum de culto o incluso en un “disco maldito”?
«Para nosotros no. Para nosotros fue nuestro primer disco, y tiene un montón de buenas canciones. Lo que piensen los demás sobre él depende de ellos. Supongo que es ‘de culto’ para quienes lo aman, porque claramente no fue un gran éxito ni nada de eso».
El segundo álbum: dirección clara, ejecución difícil
– «Left» fue un álbum mucho más directo que su antecesor. En ese momento pareció un paso lógico, aunque no tuvo el mismo impacto. ¿Lo volviste a escuchar? ¿Qué opinión te merece hoy, con la distancia del tiempo?
«Lo escuché antes de los shows del año pasado, para tratar de recordar cómo iban las canciones. Creo que tiene grandes temas, pero suena exactamente como fue hecho. Tardamos DEMASIADO en terminarlo, y no nos estábamos comunicando bien entre nosotros… suena un poco así, para mí».
Por qué volver ahora
– La banda se detuvo en 2006. ¿Qué los llevó a retomar el proyecto después de tantos años? ¿Y qué te inspira hoy al momento de componer, comparado con aquellos primeros días?
«Un montón de gente nos lo pidió. Otro montón de personas dijeron que era una buena idea. Nos terminaron convenciendo. Pero me alegra que lo hayamos hecho. Me inspiran las mismas cosas. La respuesta súper aburrida es que solo intento hacer canciones que parezcan estar poseídas por algo que no soy realmente yo».
La industria en la era del streaming
– En todo este tiempo, la industria musical atravesó muchas modas, pero también un cambio tecnológico profundo. ¿Cómo te adaptaste a esta nueva era de redes sociales y plataformas de streaming?
«No lo sé. Es una jodida pesadilla, y la desvalorización total de la música y las canciones para cualquiera que no sea una estrella pop o un acto de legado gigante es desgarradora, absurda, miope y devastadora, para ser honesto.»
Nuevas canciones, viejo espíritu
– Al igual que en sus comienzos, volvieron con un tema épico como “Long Waits in A & E”, seguido del más inmediato “Footage/Steamtrain”. Ambas canciones muestran que el espíritu emocional y furioso del grupo sigue intacto. ¿Cómo fue volver a trabajar juntos en este nuevo material? ¿Qué podemos esperar a continuación? ¿Hay un nuevo álbum en camino? ¿Podés adelantarnos algo?
«Ha sido absolutamente increíble. Nos llevamos mejor que nunca. No sentimos presión por nada más que hacer buena música. Siempre dijimos que solo volveríamos a hacer todo esto si era divertido. Y hasta ahora ha sido verdaderamente gozoso, y estamos muy agradecidos de tener otra oportunidad. Sobre lo que viene después, no tenemos idea. Tocamos en octubre. Eso es todo por ahora».
Una deuda pendiente: Sudamérica
– Hoy en día no es fácil organizar una gira, incluso dentro del Reino Unido. Imagino que venir a Sudamérica puede parecer casi imposible. Pero ¿alguna vez recibieron ofertas para tocar acá en la primera etapa de la banda? ¿Estás familiarizado con la escena musical de esta parte del mundo?
«Lamentablemente teníamos una especie de situación de management rara, así que nunca nos enteramos de muchas ofertas… quizás nos invitaron. Nos hubiera encantado, y nos encantaría ahora, ir a cualquier lugar que nos reciba. Tocar en vivo es divertido ahora. Me temo que no sé nada sobre la escena allá. Lo lamento. Paso la mayor parte del tiempo viendo The X Files y no escucho mucha música».
El retorno de Hope of the States no sigue ningún manual de marketing ni responde a la lógica nostálgica de la industria. No hay reediciones en vinilo de lujo ni giras aniversario con merchandising retro. Lo que hay es algo más raro y valioso: una banda que vuelve porque quiere, no porque debe. Porque encontró en su historia una chispa todavía viva, y porque por primera vez —quizás— está disfrutando de ser lo que siempre fue: un grupo incómodo, emocional, épico y profundamente humano.
Las nuevas canciones no suenan como una banda tratando de recuperar el tiempo perdido. Suenan como lo que Sam Herlihy dice buscar: composiciones poseídas por algo que no es del todo él. Algo que se cuela entre los arreglos, las palabras y el ruido. Algo que no responde a tendencias, algoritmos ni estrategias.
Hoy, Hope of the States no necesita explicar nada. Solo necesita sonar. Y lo está haciendo con una fuerza inesperada, como si la historia aún no estuviera del todo escrita.
