Chapterhouse en Niceto Club

Chapterhouse en Buenos Aires (2026)
Chapterhouse en Buenos Aires (2026) 📷 Nazarena Talice

Un torrrrrnado arrasó mi ciudad

Buenos Aires debió esperar décadas, separaciones, reuniones y nuevos hiatos de años para que Chapterhouse enchufe sus equipos en estas latitudes. Desde el otro lado del océano y desde el corazón del sonido multicolor, la banda de Reading nos hizo revivir años de la música en los que las melodías eran frenesí y groove.

Una energía que se retroalimentaba como dínamo. El domingo 4 de octubre, en Niceto, se cerró otra cuenta pendiente entre una de las mejores bandas de shoegaze y Buenos Aires.

En su paso por Argentina, la banda había tocado la noche del sábado anterior en Mar del Plata, lo que permitió a quienes tuvieron la buena fortuna de verlos en ambas fechas recibir una doble dosis de su música. El setlist entre los dos recitales fue el mismo, aunque en Buenos Aires cerraron con un segundo bis no planificado, un agradecimiento por la larga espera y una celebración conjunta con la música infinita.

Noche de shoegaze en Niceto

Quitemos de en medio descripciones trilladas como “tensión en el aire”, “vibración de guitarras”, “sonidos filosos”, y concentrémonos en el corazón de la música que sonó el domingo a la noche en Niceto.

Tuvimos el privilegio de asistir a un fragmento de la historia de la música inglesa, unas oleadas sónicas (bueno, tal vez este adjetivo remanido sí lo dejaré pasar) construidas sobre dos LP editados en 1991, Whirlpool, tal vez la portada más tierna del shoegaze con un michi blanco arremolinado, y en 1993, Blood Music.

Apenas pasadas las 21:50 la banda subió al escenario de Niceto. Cuatro de los cinco músicos que llegaron a Buenos Aires eran miembros de la formación original: los cantantes y guitarristas Andrew Sherriff y Stephen Patman, el bajista Greg Moore, y el baterista Ashley Bates. La formación la completó el guitarrista Joe Light.

El set abrió con «Ecstasy II», un B-Side que en ediciones más recientes en CD fue incluido como tema inicial de Whirlpool. El tema funcionó para calentar instrumentos y medir cómo sonaría el resto del show. Una introducción de la banda en la que las tres guitarras tocaban oleadas diferentes pero compaginadas de sonoridades abrasivas.

Marcado desde atrás por la batería, cada cambio fluía naturalmente, desde las voces compaginadas hasta el groove del bajo. Terminado el prólogo, una breve calma, comenzó la tormenta eléctrica con «Breather».

La primera parte del show no varió en ningún momento el orden de temas de Whirlpool. Así, a «Breather» siguió «Pearl» y luego «Autosleeper», esa pequeña joya que produjo Robin Guthrie de Cocteau Twins. Y el sonido que provenía remitía a una época preciosa a ambos lados del océano.

Chapterhouse en Buenos Aires (2026)
Chapterhouse en Buenos Aires (2026) 📷 Nazarena Talice

La escena británica de los 90

A principios de los 90 aparecieron bandas nuevas con ganas de usar todos los pedales que pudieran acumular, usar colores, tocar guitarras y llevarlas a los extremos de sus texturas sonoras. Querían romper con la planicie de punteos, estribillos y canciones beatle.

Toda una generación quedó prendida de las aperturas exploratorias de Cocteau Twins, The Stone Roses o Happy Mondays. De repente, las bateas y los festivales de verano se llenaron con nombres nuevos: My Bloody Valentine, Ride, Slowdive, Primal Scream. Y entre ellos brilló con luz propia Chapterhouse, al punto de que cerraron la fecha de 1991 del Reading Festival, su ciudad natal, precedidos por Nirvana.

Sin embargo, la suerte quiso que ninguna de esas bandas de shoegaze tuviera la fortuna y fama inmediata que sí se le concedió a las formaciones que provenían de Seattle. Y con la llegada de Suede, Blur, Oasis, Pulp, Elástica y otras bandas del llamado britpop, el género pasó a quedar como un hiato entre dos momentos musicales británicos, una primavera sónica entre la movida de Madchester y el britpop.Y, sin embargo, con los 2000 todas estas bandas tuvieron un revival, una oportunidad de recuperar oleadas de un océano sónico dormido, pero no muerto.

Whirlpool y Blood Music

Y entonces, en esa noche de domingo, Chapterhouse sumegió a todos los presentes en sonidos que cautivaron hace más de 35 años y que parecen no sufrir el paso del tiempo. Luego de la seguidilla de temas de Whirlpool, tocados durante compactos 46 minutos, la banda se tomó unos minutos de descanso y volvió para tocar 6 B-sides y temas de su otro LP, Blood Music, seguidilla que comenzó con «Precious One», de su EP Mesmerise.

Durante esta seguidilla de temas, Andrew Sheriff comentaba pequeñas anécdotas sobre cuándo fueron compuestos y, por si alguien necesitaba saberlo, si el tema que tocarían a continuación era un B-Side o no.

Para este momento del show, cada tema expandía diferentes tonalidades. ¿Hace cuánto estaba sonando la música? Imposible determinarlo, y sin embargo, parecía nunca acabar (o, al menos algunos de los que estábamos presentes no queríamos que detuviesen nunca las oleadas sonoras).

Era cuestión de cerrar los ojos y comprobar cómo se reagrupaban los sonidos desde los oídos y hacia el resto del cuerpo. La banda cerró con «Love Forever», corte de Blood Music, y que sonaba como un tema olvidado de Inspiral Carpets. Nada que deberle a los de Manchester.

Chapterhouse en Buenos Aires (2026)
Chapterhouse en Buenos Aires (2026) 📷 Nazarena Talice

El bis de Chapterhouse en Buenos Aires

El groove crecía y el ánimo del público también. Tal vez por eso cuando terminó el tema y se despidieron nadie quería irse, lo que impulsó a Chapterhouse a tocar dos temas más por fuera de lo planeado. Ver bandas en vivo permite muchas veces ser testigos de momentos imprevistos memorables.

Así, los segundos bises comenzaron con su hit «Mesmerise», corte principal de su EP homónimo y un clásico del shoegaze los 90. El segundo tema fue «Need (Somebody)», otro hit pero esta vez compuesto a fines de los 80, cuando la banda era solo un proyecto e incluído en una versión expandida de Whirlpool.

Ambos temas mostraron sonidos distintos de la misma banda. Si «Mesmerise» sonaba como un tema del verano, ideal para las horas de lasitud y relajo, «Need (Somebody)» planteaba una tormenta eléctrica de capas de guitarras arremolinadas. Mientras una base se construía y otra escalaba, pronto todo se derrumbaba estrepitosamente. Y en ese derrumbe cerró Chapterhouse su primer show en Buenos Aires.

Durante una hora y media, tiempo breve e intenso como fue su momento a principios de los 90, respiramos sonidos que compuestos en los que había un espíritu más luminoso y colorido. canciones del pasado de cuando el futuro era una posibilidad sin certezas, y por eso mismo representaba felicidad y calidez.

Texto: Esteban Galarza
Fotografías: Nazarena Talice

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