Glastonbury 2025: entre la épica y la controversia

Volvió a pasar. Una vez más, el Glastonbury Festival fue mucho más que música. La edición 2025, celebrada del 26 al 30 de junio en Worthy Farm, combinó emociones intensas, sets memorables, regresos esperados y una cuota de tensión política que marcó la conversación tanto dentro como fuera del predio.

En esta charla con Luciana Cacciatore, argentina radicada en Londres y asistente frecuente al festival, desmenuzamos los puntos altos (y también los más incómodos) de una edición que quedará en el recuerdo.

Glastonbury 2025 | El Festival desde adentro con Luciana Cacciatore

Shows inolvidables, tensiones políticas

En lo estrictamente musical, los headliners ofrecieron variedad, generaciones y estilos bien contrastados. The 1975 abrió el viernes con un show que combinó sofisticación visual y cinismo pop, reafirmando su lugar como una de las bandas más influyentes de su generación.

El sábado fue el turno de Neil Young, acompañado por The Chrome Dreams, en un set que mezcló crudeza folk, momentos eléctricos y una inevitable carga de nostalgia. Y el domingo, Olivia Rodrigo hizo historia: su cierre, entre baladas confesionales y un despliegue escénico pensado para un público más joven, consolidó su estatus de nueva estrella global.

En paralelo a los nombres principales, hubo varios sets que robaron protagonismo. Pulp, con un show sorpresa que se anunció como Patchwork, volvió a desplegar su arsenal britpop con una energía que no se oxida. También sorprendieron los regresos de Supergrass y la presencia magnética de Self Esteem, que se confirmó como una de las voces más originales del pop británico actual.

Pero si hubo algo que definió a Glastonbury 2025 fue la controversia. En el escenario West Holts, el dúo punk‑rap Bob Vylan protagonizó uno de los momentos más tensos del fin de semana al lanzar cánticos como “Free Palestine” y “Death to the IDF”, acompañados de visuales militantes. Su show fue retirado de la transmisión de la BBC y generó reacciones inmediatas tanto de la organización como de la prensa.

Minutos después, Kneecap redobló la apuesta con consignas contra Keir Starmer, banderas palestinas y un discurso que también encendió la polémica. Las autoridades británicas iniciaron una investigación formal por posible incitación al odio, y Glastonbury, en un comunicado que intentó sostener su línea ideológica, se declaró “horrorizado” por ciertos mensajes aunque reafirmó su defensa del pluralismo artístico.

El pulso cultural del festival más icónico del Reino Unido

La conversación en torno a estos episodios abrió un debate que lleva años latiendo en el corazón del festival: ¿hasta dónde llega la libertad creativa en un evento con una postura política explícita? ¿Y qué ocurre cuando esa postura se enfrenta con los límites legales o morales del presente británico?

Conversar con Luciana, que recorrió cada rincón del predio, permite acercarse a la experiencia real de quienes viven Glastonbury no solo como evento musical, sino como manifestación cultural.

En tiempos de polarización política y sensibilidad social extrema, Worthy Farm sigue siendo ese lugar donde la música, la crítica, la comunidad y el caos conviven. Con aciertos, con fallos, con ruido. Pero también con una vitalidad que muy pocos festivales en el mundo pueden sostener.

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