Dry Cleaning en C Art Media

Instrucciones para no quemarse en el hielo
Dry Cleaning se presentó por segunda vez en Buenos Aires en una noche inusualmente fría para la época del año. Pero si afuera corría un viento helado, dentro del C Art Media había electricidad y calor arriba del escenario.
Formada en el sur de Londres, la banda volvió luego de su show debut en mayo de 2023 para recordarnos por qué su propuesta musical es una de las más cautivantes surgidas de la pospandemia.
Sus canciones, construidas como cut-ups herederos de William Burroughs, cantan sobre la alienación urbana sin que por eso parezcan manifiestos políticos. Desde la voz de Florence Shaw, resultan efectivamente hipnóticas. Pero vayamos por partes, rompamos el cartón y saquemos el blíster de comprimidos en formato de canciones para sobrevivir a la vida moderna.
Lea el instructivo antes de usar
Usted está frente a una pantalla que brilla con una intensidad que puede dañar, en mayor o menor medida, su vista. Los componentes para que su dispositivo electrónico funcione son incontables: desde las pequeñas piezas que se interconectan para abrir una página en computadora o móvil hasta los componentes externos, como los servicios de internet o la telefonía celular.
Y, a pesar de lo complejo del proceso, todo es armónico y parece natural. Bueno, piense en la misma lógica para sumergirse en lo que fue presenciar el show de Dry Cleaning en el C Art Media.
Pasadas las 20:30, salió la banda con puntualidad inglesa y, sin mayor dilación, comenzó a tocar «Sliced by a Fingernail», tema editado en la edición expandida de Secret Love (2026), su último disco.
Pero algo falló y se frenó la música. Los componentes volvieron a reagruparse y Florence Shaw volvió a susurrar al micrófono «Happy birthday to you»… y tampoco funcionó la máquina. Una falla en las guitarras, algo en la estructura desestabilizaba el conjunto.
Pasados algunos minutos y tras el aliento del público, Tom Dowse recuperó el sonido de su Fender Jazzmaster y entonces sí, Florence volvió a recitar el comienzo del tema para calentar la maquinaria desde la gelidez de su voz.

Una nota que vale aclarar es que no todos los asistentes de ese show conocían la música de Dry Cleaning. Afuera, antes de que arrancara el show, se escucharon comentarios sobre una banda inglesa que iba a abrir a Blonde Redhead, pero sin siquiera recordar cómo se llamaba.
Así que fue interesante asistir al asombro inicial de muchos y a la conexión hipnótica con el trance y los estallidos que impusieron los londinenses, de forma progresiva, a lo largo de la hora y media que duró el recital.
Primera dosis de extrañamiento
Superado el problema del primer tema, Dry Cleaning no detuvo su marcha hacia el clímax, a fuego lento. Y el segundo tema, «Blood», comenzó sin dilación. Una combinación extraña de guitarras acústicas dialogando en tiempos distintos con la guitarra eléctrica, mientras una línea de bajo aparece en la misma sintonía que el canto y la recitación vocal.
En esa extraña disonancia todo funciona y eso lo vuelve más raro. Concentraron la selección de la mayoría de los temas en su último LP, Secret Love, pero entremezclados con canciones de sus otros discos.
Y la mezcla para generar estos comprimidos, que nos fueron dosificando en 21 canciones, fue muy efectiva. Así sonó «Gary Ashby», de Stumpwork (2022), seguido de «Jump After School», corte del EP Boundary Road Snacks and Drinks (2019), para luego volver a Secret Love con «The Cute Thing» y «Secret Love (Concealed in a Drawing of a Boy)».
Para entonces, Dry Cleaning ya había calentado motores y había conectado con su público, aunque sin necesidad de comunicarse por otra vía que no sea su música.
En ese núcleo caliente de canciones aparecía, siempre flotando, la voz de Florence Shaw y eso generaba una sensación de extrañamiento. Y si prestamos la suficiente atención, cada instrumento parecía ir por su lado, tocando fragmentos aparte, para luego fundirse en la pieza musical.

Ella es hermosa, tiene pelo vikingo
En esa conjunción difícil de definir, debemos agregar la gelidez de la voz de Florence Shaw, la electricidad de las guitarras sónicas de Tom Dowse y el fuego que exuda el groove de los bajos de Lewis Maynard.
Dry Cleaning construye sus estructuras musicales a partir de las diferencias que solo cobran sentido en el conjunto. Son piezas de arte moldeadas en vivo en el aire y no aptas para ser vistas, pero sí para ser oídas. Obras de arte impresionistas al estilo de Camille Pissarro puestas al servicio de la música. Coexisten, es decir, se ensamblan pero no se funden.
«Anna Calls From the Arctic» cerró simbólicamente la primera parte del show, y la segunda la abrió «Her Hippo», de su LP New Long Leg (2021). Las guitarras sónicas tomaron una presencia histriónica que pronto se sumaría a las líneas de bajo en la configuración cada vez más caliente del clima. Solo la voz de Florence Shaw parecería mantener frialdad, aunque esa era la trampa, porque ella alentaba el fuego desde su registro gélido.
Una muestra de esto fue cuando llegó el turno de su hit «Scratchcard Lanyard». El tema cabalgaba sobre flujos: guitarras, bajos, baterías y una voz que motivaba al conjunto, al punto de que el estribillo debía competir por destacar su protagonismo.
El show nos regaló pequeñas perlas entre temas, como luego de terminar de tocar el tema «Viking Hair» una chica del público le alcanzó a Florence una cartulina con el estribillo de dicho tema («She’s beautiful, she’s got viking hair» y agregó «I’m in love with you Florence»). Florence se tomó unos minutos de pausa para agradecer y en muestra de complacencia cantó el siguiente tema, «Don’t press Me» con el cartel en la mano. La gelidez de la voz es una parte de su encanto, pero Florence encantaba también por su humanidad.

Ruido blanco y pared de sonido
Sobre el final del show, y ya cuando la medicina había sido dosificada, Dry Cleaning ardía y todo ese conjunto se dirigió al sonido final: white noise sólido con la dupla de temas «Conversation» y «Hit My Head All Day».
En una versión extendida, ambos temas parecieron fundir el conjunto en una pared de sonido que recordó a los experimentos vanguardistas europeos, desde el futurismo italiano hasta la música concreta francesa de los años 60, y también a experiencias estadounidenses como las de La Monte Young y Phil Spector, pero sin deberle nada a nadie.
En una hora y media de show no quedó nadie indiferente al hipnotismo de Dry Cleaning. Escuchamos 21 temas, 21 comprimidos de música que coquetean con la herencia del post-punk y la New Wave ingleses, como Magazine, The Fall o Wire, pero que pronto supieron encontrar su propio rumbo.
Ojalá vuelvan pronto para que podamos recibir nuestra tercera dosis de su medicina.
Texto: Esteban Galarza
Fotografías: Nazarena Talice



















