Entrevista a Fink
Polaroids emocionales
Entre el ruido permanente de las ciudades, la velocidad de las plataformas digitales y una industria musical cada vez más acelerada, Fink decidió mirar en dirección contraria. Su nuevo álbum, The City Is Coming To Erase It All, encuentra al trío británico regresando a la tranquilidad de Cornwall para construir una obra profundamente conectada con el paisaje, la memoria y la tradición del folk británico. Grabado en Zennor, en el extremo más salvaje de la costa de Cornualles, el disco transforma el aislamiento, los grandes espacios abiertos y el paso del tiempo en elementos centrales de su narrativa sonora.
Liderado por Fin Greenall junto a Tim Thornton y Guy Whittaker, Fink lleva más de dos décadas desarrollando una trayectoria difícil de encasillar. Desde sus inicios vinculados a la electrónica y el universo de Ninja Tune hasta convertirse en una de las propuestas más respetadas del folk contemporáneo, la banda ha construido una identidad propia basada en la exploración constante y en una búsqueda emocional que trasciende cualquier género.
Publicado el 5 de junio de 2026, The City Is Coming To Erase It All se presenta como una obra concebida para ser escuchada de principio a fin, recuperando una visión casi clásica del formato álbum. A lo largo de ocho composiciones, Fink reflexiona sobre el paso del tiempo, la necesidad de seguir descubriendo nuevos horizontes y la tensión permanente entre la vida urbana y la conexión con aquellos lugares que nos definen. El resultado es probablemente uno de los trabajos más íntimos y atmosféricos de toda su discografía.
En esta entrevista exclusiva para Radio Britannia, Fin Greenall habla sobre la influencia de Cornwall en el proceso creativo, las referencias musicales que guiaron el álbum, la evolución de Fink después de nueve discos de estudio, los cambios en la industria musical y el deseo, todavía pendiente, de llevar finalmente sus canciones a Sudamérica.
Donde el paisaje también escribe canciones
– «The City Is Coming To Erase It All» parece estar profundamente conectado con Cornwall y con la idea de un ‘espíritu de lugar’. ¿Hasta qué punto el entorno en el que se escribió y grabó el álbum moldeó las canciones y el sonido final del disco?
«Completamente. No hay ninguna duda de que Cornwall fue una gran musa para este álbum. De hecho, también grabamos allí nuestro disco anterior, en el mismo estudio de Zennor. Es una antigua capilla reconvertida en estudio, situada justo al borde de un acantilado, en la zona más salvaje y escarpada de Cornwall. Cuando estás allí, quedas totalmente aislado. Parte de la experiencia de trabajar en un estudio consiste en encontrar un lugar donde nada interrumpa tu estado de concentración, ¿verdad? Pero Cornwall lleva eso a otro nivel. No hay absolutamente nada de vida urbana interfiriendo. Tus días empiezan a seguir un ritmo natural. Encuentras una atmósfera increíblemente tranquila, en parte gracias a Sam (N. del E: Sam Okell, ingeniero de grabación en Abbey Road y encargado de Zennor Sounds), que dirige el estudio y tiene una energía muy especial y muy centrada. Escribir y grabar música en un lugar como Cornwall te permite apoyarte más en la música misma. Te lleva a escribir más desde el corazón y menos desde la idea preconcebida de un género. En nuestro caso, eso significó sumergirnos de lleno en los sonidos folk acústicos de los años setenta.»
– Han mencionado que discos como ‘Fully Qualified Survivor‘ de Michael Chapman fueron referencias fundamentales y que incluso se impusieron ciertas limitaciones técnicas para preservar una estética concreta. ¿Cómo influyó esa decisión en el proceso creativo y qué descubrieron trabajando dentro de esas restricciones?
«Michael Chapman fue una de nuestras principales referencias para este disco. Cada vez que teníamos dudas sobre qué hacer, cómo debía funcionar un ritmo o dónde debía caer una caja de batería, acudíamos a su álbum como guía. Él ya había resuelto esos mismos problemas décadas atrás. Y es un disco maravilloso. Tiene sus imperfecciones, pero precisamente por eso resulta tan interesante. Intentamos que todas nuestras influencias estuvieran vinculadas a aquella época. Escuchamos muchísimo a Pentangle, John Renbourn, Dick Gaughan y Bert Jansch. Incluso traté conscientemente de incorporar algunas notas y giros guitarrísticos al estilo de Jansch, como homenaje a esas elecciones armónicas ligeramente ásperas y poco convencionales que hacía y que me parecen fascinantes. No queríamos hacer una copia al carbón de un disco de Cat Stevens ni nada parecido. Lo que buscábamos era obligarnos a tomar decisiones similares a las que tomaban aquellos músicos. A partir de esas limitaciones comenzamos a priorizar lo que realmente sirve a la canción. Un álbum no tiene por qué seguir la fórmula moderna de diez canciones perfectamente empaquetadas. El disco de Chapman combina canciones completas con pequeños interludios instrumentales. Nuestro álbum terminó teniendo siete canciones y una pieza instrumental, pero perfectamente podría haber alternado canción e instrumental de principio a fin debido a esa forma de pensar.»
La canción que marcó el camino
– «Wishing For Blue Sky» abre el álbum y transmite una declaración de intenciones muy clara. ¿En qué momento se dieron cuenta de que esa canción estaba definiendo la dirección de todo el disco?
«Fue la primera canción que grabamos en el estudio porque pensábamos que podía funcionar como un ancla para el sonido del álbum. Si conseguíamos que esa canción funcionara, el resto seguiría naturalmente ese camino. La propia estructura de la canción no deja demasiado margen para experimentar: simplemente tienes que tocarla y dejar que sea lo que es. El mayor miedo que tuvimos que superar fue comenzar el álbum con una epopeya lenta de ocho minutos.»
– Después de nueve discos de estudio, muchos artistas encuentran una fórmula y se quedan en ella. Sin embargo, Fink siempre ha parecido dispuesto a explorar nuevos territorios. ¿Qué los sigue motivando a asumir riesgos creativos después de tantos años?
«Para nosotros ha sido una bendición haber comenzado en un sello independiente y seguir siendo independientes. Desde el primer día hemos tenido que luchar para sobresalir entre todo el ruido porque no contamos con una maquinaria económica gigantesca invirtiendo millones en nuestras campañas. Nosotros tenemos que salir a tocar y ganarnos el público concierto tras concierto. Como compositor, siempre existe el miedo de que un día las canciones dejen de aparecer. De hecho, me desenamoré de la música durante una etapa de mis veintitantos cuando trabajaba como DJ dentro de la industria. Estaba completamente saturado: montañas de CDs sobre el escritorio, habitaciones llenas de vinilos, fines de semana enteros comprando discos. Un día simplemente colapsé. Me desperté y odiaba todo aquello. Fue aterrador porque sentí que estaba dejando de querer una parte fundamental de mí mismo. Por eso da miedo sentarte a escribir y descubrir que no hay nada. Podría escribir una canción aburrida y llena de clichés todos los días. El verdadero desafío es escribir algo que signifique algo. Pero cuando creas por las razones correctas, componer se convierte en una forma de terapia personal y de procesar los momentos emocionales de tu vida. Mientras mantengas la curiosidad y no te aburras, seguirá funcionando.»
Más allá de cualquier etiqueta
– Uno de los aspectos más fascinantes de su carrera es que comenzaron en la música electrónica antes de ser asociados al folk contemporáneo. Mirando ese recorrido, ¿sienten que la etiqueta «folk» resulta demasiado limitada para describir lo que es Fink?
«Mi necesidad de hacer tecno ya desapareció. Mi necesidad de hacer electrónica también. Hace poco me senté pensando: «Voy a producir otro disco electrónico», pero entre los clics, los plugins y todo ese proceso, ya no sé si me queda energía para ello. En cambio, ya estoy pensando en un disco de blues, una especie de ‘Fink Blues 2‘. Varias personas me han preguntado cuándo lo voy a hacer, y si yo no lo hago, nadie lo hará. Así que al final de la gira estadounidense voy a irme una semana a los Ozarks, alojarme en una cabaña de cristal sacada de una fantasía y escribir un disco de blues. Probablemente estará lleno de canciones sobre lagos. ¿Qué rima con «lake»? «Ache». Perfecto, ya tenemos una canción hecha. También he estado escuchando mucho metal últimamente. No se preocupen, no voy a hacer un disco de metal, aunque sí me hizo pensar que nunca he estado en una banda de metal. Creo que Fink, como cualquier artista, no escribe ni toca un único género. Nuestro nuevo disco es muy folk, pero tenemos muchísimas facetas y nos inspiramos en infinidad de cosas. Quién sabe, quizá algún día terminemos haciendo un álbum de metal.»
– Este año también se cumplen veinte años de ‘Biscuits for Breakfast’, el disco que ayudó a definir gran parte de la identidad que hoy asociamos con Fink. Cuando escuchas esas canciones ahora, ¿qué sigues reconociendo en ellas y qué ha cambiado completamente en tu forma de escribir y grabar?
«Es extraño. Realmente no me reconozco en ese primer disco. Hubo muchos compromisos para conseguir publicarlo y, por supuesto, no tenía ni idea de que veinte años después seguiría aquí. Escucho hambre, ambición, ingenuidad y todas las influencias que tenía en aquel momento. Escucho a alguien que todavía no había salido de gira, alguien aún sin pulir. Un soldado perfectamente entrenado, pero que todavía no había participado en ninguna batalla. Ahora escribo desde un lugar mucho más sólido y consciente de quién soy. Entonces escribía pensando en que otros me escucharan. Ahora escribo para mí.»
El sonido de una banda que nunca se queda quieta
– La banda ha conseguido mantener una identidad muy reconocible sin repetirse. ¿Cómo saben cuándo una canción realmente suena a Fink y cuándo simplemente están revisitando ideas ya exploradas?
«Hace algunos años mi equipo de management me explicó algo muy sencillo: haga lo que haga, la voz que canta en los discos sigue siendo la mía. Por lo tanto, siempre sonará a mí. La verdad es que nunca escucho mi catálogo una vez que ha sido publicado, así que no sé si me repito o no. A veces, cuando preparamos el repertorio para los conciertos, noto que ciertos temas o frases aparecen una y otra vez sin que me haya dado cuenta. Creo que mientras estemos Tim (Thornton, baterista), Guy (Whittaker, bajista)y yo, cualquier cosa que hagamos tendrá algo del sonido de Fink. Tim y yo también consumimos muchísima música. Estamos tan expuestos a nuevas influencias como cualquier otra persona. Nuestro sonido cambia a medida que cambian nuestras inspiraciones y nuestras obsesiones musicales.»
– Han vivido distintas etapas de la industria musical, desde los sellos tradicionales y las ventas físicas hasta el streaming y las redes sociales. ¿Qué es lo que más les entusiasma y qué es lo que más les preocupa del panorama actual?
«Lo más emocionante es la inclusión y la accesibilidad. Nunca había sido tan fácil acercarse a la creación musical. Con las herramientas adecuadas y algo de tiempo, prácticamente cualquiera puede hacer música utilizando tecnología muy básica. Y eso me parece fantástico. Sinceramente, lo único que me preocupa es que los grandes monopolios estén acaparando el mercado de las salas independientes. Todos necesitamos pequeños locales gestionados con pasión y amor por la música. Las grandes empresas de tickets están expulsando a muchos de esos espacios, y eso sí me preocupa.»
Tocar por amor, no por números
– Fink siempre ha construido una relación muy fuerte con su audiencia a través de los discos y de los conciertos. En una época dominada por playlists, algoritmos y consumo rápido, ¿sigue siendo posible crear una conexión profunda entre artista y oyente?
«Sí. Simplemente hay que hacer música que realmente te importe por amor a la música y entregarlo todo en los conciertos. Hazlo por amor y recibirás amor. Demasiadas bandas creen que salir de gira es una cuestión financiera. No lo es. Es una cuestión de amor.»
– Reino Unido e Irlanda siguen produciendo artistas fascinantes, aunque quizá la atención pública ya no esté tan centrada en la música de guitarras como hace veinte años. ¿Cómo ves el panorama musical británico actual y qué artistas recientes recomendarías descubrir?
«Ahora mismo recomendaría especialmente a Flyte y a Billie Marten. El mercado británico sigue obsesionado, como siempre, con el pop joven para un público joven con dinero joven. Siempre fue así, aunque ahora es todavía más intenso. En mi opinión, Estados Unidos sigue produciendo el pop más innovador, con artistas como Mitski, Phoebe Bridgers y Cameron Winter. Pero sí, me encantan varias bandas británicas actuales y tengo muchas ganas de cruzármelas en los festivales este año.»
– A lo largo de tu carrera has colaborado con músicos, productores y compositores de mundos muy distintos. ¿Hubo alguna colaboración que cambiara significativamente tu forma de entender la música?
«Sí, buena pregunta. Todas las colaboraciones te cambian un poco. Cada encuentro supone una forma distinta de pensar. Las experiencias realmente importantes son las que te transforman porque ocurren cosas grandes… o porque no ocurren. Creo que tocar con Pino Palladino y Manu Katché en un programa de televisión francés dejó una huella enorme en mí. Eran músicos legendarios, auténticos gigantes, y me aceptaron como un colega más. Eso significó muchísimo para mí. El programa se llamaba One Shot Not. Era un gran programa.»
Canciones para películas que aún no existen
– Hay momentos en ‘The City Is Coming To Erase It All’ que parecen casi la banda sonora de una película imaginaria. Algunas canciones evocan grandes paisajes abiertos, movimiento y una narrativa muy visual, como un western contemporáneo o una road movie. ¿Qué importancia tiene esa cualidad cinematográfica en tu manera de escribir y te interesaría explorar más seriamente la composición para cine?
«Llegaré a eso cuando llegue el momento adecuado. Todavía no. La vida ya es una película y yo soy el personaje principal de la mía, así que supongo que quiero que mis canciones estén encuadradas dentro del plano correcto.»
– Muchas de las mejores canciones de Fink parecen surgir de la búsqueda de una intensidad emocional más que de un género concreto. Si tuvieras que definir el hilo conductor que conecta toda tu obra, desde tus primeras grabaciones electrónicas hasta ‘The City Is Coming To Erase It All’, ¿cuál sería?
«Serían polaroids emocionales de sentimientos microtonales intensos.»
– Con el lanzamiento de The City Is Coming To Erase It All, sentimos que este disco posee una sensibilidad y una profundidad que podrían conectar especialmente con el público de esta parte del mundo. ¿Se ha hablado alguna vez de una gira por Sudamérica y qué expectativas tendrían si llegara a concretarse?
«Estamos constantemente intentando encontrar la forma de llegar a Sudamérica, de una manera u otra. Es algo que tenemos muy presente. Como turista sólo he visitado Brasil y México. Pero, sinceramente, me encantaría ir allí y tocar.»
El refugio frente al ruido
En The City Is Coming To Erase It All, Fink parece haber encontrado una forma de resistencia silenciosa. Mientras gran parte de la industria musical persigue velocidad, visibilidad y permanencia, Fin Greenall y compañía eligieron aislarse en la costa de Cornwall para volver a una idea mucho más simple: dejar que las canciones encuentren su propio ritmo. No se trata solamente de un regreso al folk acústico que inspiró buena parte del álbum, sino de una búsqueda consciente por escribir desde un lugar más honesto, menos condicionado por géneros, tendencias o expectativas externas.
Esa filosofía atraviesa toda la conversación. Greenall habla de Michael Chapman, Bert Jansch y Pentangle no como referencias estéticas superficiales, sino como una manera de recuperar una forma de trabajar donde las limitaciones ayudan a revelar lo esencial. En lugar de perseguir la perfección técnica o la lógica del consumo rápido, Fink apuesta por aquello que mejor sirve a la canción, incluso cuando eso implica romper con las fórmulas habituales o abandonar la estructura convencional de un disco moderno.
Quizás por eso resulta tan difícil encerrar a Fink dentro de una etiqueta. Más de veinte años después de Biscuits for Breakfast, Greenall sigue describiendo la composición como una necesidad vital antes que como una profesión. El género cambia, las influencias evolucionan y las obsesiones musicales se transforman, pero la búsqueda permanece intacta.
Al final, The City Is Coming To Erase It All se presenta como una colección de pequeñas instantáneas emocionales, lo que el propio Greenall define como “polaroids emocionales de sentimientos microtonales intensos”. Una definición tan peculiar como precisa para un álbum que encuentra su fuerza no en los grandes gestos, sino en esos detalles íntimos que terminan revelando algo mucho más profundo sobre el paso del tiempo, la identidad y la necesidad permanente de seguir explorando.
