‘Renascent’ de The Durutti Column

Renascent de The Durutti Column
Renascent de The Durutti Column

La esponja que borra el horizonte

«¿Cómo pudimos vaciar el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar el horizonte? ¿Qué hemos hecho después de desprender a la tierra de la caverna de su sol?»

Friedrich NietzscheLa gaya ciencia, Parágrafo 125

El día llegó y pudimos escuchar lo que tal vez sea el último disco de The Durutti Column.

El 31 de julio de 2026, último día de un mes intenso y en un verano boreal que empieza a languidecer, vio la luz Renascent bajo el sello London Records. Tal vez, por la delicadeza de los movimientos que siempre envolvió el proyecto de Vini Reilly, no se perciba la magnitud del acontecimiento.

¿A qué sabe escuchar este disco? A belleza melancólica. Saber que todo sueño terminó y que lo que queda son fotos sepia y flores marchitas guardadas entre las páginas de un libro, recuerdo de otros veranos y amores perdidos.

Algo de todo esto recoge Renascent, como si su esencia se alimentase de pedazos y nunca de formas completas.

«Y en el sexto día, Dios creó a Manchester»

El horizonte fue borrado por la misma esponja que desgranó el futuro. Los restos de este naufragio ya eran parte del fracaso desde el principio.

En los días en los que John Lydon se hacía llamar Johnny Rotten y escorbutaba NO FUTURE con los Sex Pistols, Vini Reilly bosquejaba fragmentos de música en sus guitarras para arrojar al océano. Llamó a su banda The Durutti Column en homenaje a Buenaventura Durruti, líder anarquista que, durante un verano de la Guerra Civil Española, tomó Barcelona.

La gesta anarquista no vio los días de otoño, pero perduró en la memoria colectiva. Una toma de posición que inspiró la imaginación gaseosa de Vini Reilly. Lo político no va contra la belleza; coexiste. Solo debe dársele la perspectiva indicada para tallar – escribir -componer la obra artística antes de que cese toda ingenunidad.

Algo de esa inocencia perdida recogió pronto Tony Wilson, quien en las primeras horas del despertar musical de Manchester fichó a Vini Reilly. Tal vez fuera el hombre más misterioso de la escena.

Así, The Durutti Column pasó a ser el primer artista de Factory Records en 1978. La sociedad entre Wilson y Reilly demoraría un par de años en concretar el primer disco, The Return of the Durutti Column, con el número de catálogo FACT 14.

Nadie de los allegados entendió nunca la fascinación de Wilson por Vini Reilly. Era un guitarrista opaco y demasiado minimal para la destrucción de todas las existencias que supuso la llegada del punk y el post-punk.

Factory Records acogió a The Durutti Column, pero Vini Reilly no fue el artista más recordado del sello. Por allí pasaron Joy Division, New Order, A Certain Ratio, Happy Mondays, James, Cabaret Voltaire, entre otros. La fiesta apabulló y se consumió demasiado pronto.

Desde los inicios de Manchester como foco de música, y antes de la cúspide que fue Madchester, se olía que la efusividad decantaría en rupturas, madurez, desintegraciones y silencios. Porque toda generación envejece y muere.

Y tras el paso del tiempo, resurgiría triunfante y vengativo The Durutti Column.

The Durutti Column – «Sketch for Summer» (Live)

Ahora que la fiesta terminó, resta escuchar

El tiempo es intangible. Lo que ocurre en el presente no podemos asirlo y, en el mejor de los casos, armamos pequeños monumentos con vestigios: fotos, videos, libros, discos, recuerdos. Esta nostalgia reaparece cada vez que sentimos que el presente se vuelve inestable. Y esa intranquilidad no disminuye con el paso de los días.

El futuro ha sido borrado hace mucho tiempo. Resta preguntarse, como el loco de La gaya ciencia de Friedrich Nietzsche, cuál fue la mano capaz de tomar la esponja para borrar el horizonte.

Horizonte. Línea inalcanzable en la que, como una ilusión óptica, podemos unir la tierra que pisamos con el cielo.

Tal vez por eso los atardeceres generen más angustia que los amaneceres. En las horas en las que los cielos dejan de engañar la vista con la luz del Sol, la infinidad del cosmos invade la Tierra y se pierde esa línea.

Los amaneceres, en cambio, ponen todo en su lugar, al menos desde nuestra mirada. Horizonte. Las guitarras de Vini Reilly comienzan a sonar.

Kintsugi en canciones

Renascent es un disco que engaña todo el tiempo. No es, como el título lo indica, un renacimiento. No da la sensación de un nuevo impulso vital de Vini Reilly, sino que genera atmósferas similares a las que sonaban en sus primeros discos.

Ese espíritu se refuerza en la portada del disco, diseñada por 8vo, estudio encargado del arte de tapa de The Durutti Column durante sus años en Factory Records.

Y, sin embargo, sí se puede pensar en un renacimiento si lo asociamos a figuras que hayan vuelto a la vida tras una debacle: Moisés, Jonás, Odiseo, Robinson Crusoe. Lo que devuelve el océano tiene su palabra, pero la boca reproduce una gramática trunca.

Vini Reilly compuso los fragmentos de Renascent desde lo roto. Todo el tiempo salen a la luz fragmentos incompletos para que los escuchemos y apreciemos como lo que son: partes incompletas de un todo imposible de volver a reconstruir. Lo que es es lo que escuchas. Y nada más.

Kintsugi es el arte japonés de reconstruir cerámicas rotas y darles nueva vida. Lejos de ocultar los fragmentos, se los señala para resaltar su belleza, la poesía de las heridas que el tiempo dejó.

Algo de ese espíritu hay a lo largo de los 11 tracks que componen Renascent. Vini Reilly no compuso canciones, sino pedazos de algo que estuvo roto mucho tiempo y que cobró nueva vida.

De contextura chupada, flaco y fibroso, los ojos profundos y los dedos huesudos de Vini Reilly delatan que es más un artesano, un alfarero, que un guitarrista o músico.

Que no se malinterpreten mis palabras: cuando se piensa en guitarristas suelen recaer en figuras que, no importa el género, poseen presencia y cierto nivel de ego.

Pero las guitarras de Vini Reilly nunca sonaron a eso. Parecen vestigios hautológicos de otra época que extrañamente llegó a nosotros. Renascent alimentó ese sentir.

El disco fue grabado con paciencia desde 2017 y con días de mayor producción durante la pandemia de 2020. La mayoría de las grabaciones ocurrieron en la cocina del guitarrista, con una cantidad mínima de equipos. Para un disco que dura menos de 42 minutos, parece absurda la cantidad de tiempo. Pero, ¿cuánto demora un artista en obtener una visión?

Así, la música de The Durutti Column refuerza la sensación de que su presencia aumenta los ecos y los silencios más de lo que los suple con sus sonidos.

Es difícil encontrarles un lugar a las palabras en todo este ecosistema roto. Los temas tienen nombres, pero las melodías apenas pueden conectar con lo que se escucha.

¿A qué suenan «Echoes in the Memory», «Your Shadow at Morning» o «Time Present and Time Past»? Los grafemas configuran una escritura en inglés, pero los sonidos provienen de otro momento.

Reaparece como un salvavidas la idea de que las pocas letras son fragmentos al modo de la técnica del cut-up de William Burroughs. Se escucha en «Liars» una voz que repite «I am sorry» y «I love you» casi frenéticamente, pero como sonido que complementa a otros y no tanto como un generador de sentido.

Entonces, tras quedar nuestra memoria inmersa en la operación sonora hautológica de estos temas durante casi media hora, aparece el track N.º 8: «Sargasso Sea», el único que tiene letra.

La voz de la cantante mancuniana Caoilfhionn Rose suena extraña en este océano de vestigios sonoros porque llena de sentido los espacios fragmentados. En el núcleo de esta lírica brilla el extraño misterio de la esponja que aterra al enajenado de Nietzsche:

I don’t know when to open my eyes
I don’t know what I’m going to see
You took me right to the edge of desire
And now there’s nothing left, there’s nothing higher

(No sé cuándo abrir mis ojos
no sé qué es lo que veré.
Me llevaste al borde del deseo
y no queda nada más, nada más en lo alto)

¿Qué queda luego del salto más allá de los límites? Saltarse todo lo que la época persigue deja a una persona en esos márgenes y la letra hace un recuento de existencias:

‘Round and ‘round the circle of life
Some need a car, a house, or a wife
Some need another handful of rice
They keep on falling further and further down

(Dando vueltas y vueltas en el círculo de la vida
algunos necesitan un auto, una casa o una esposa
algunos necesitan un puñado más de arroz
y siguen cayendo cada vez más bajo).

El mundo queda del otro lado de las canciones, en otras orillas, distintas al naufragio que trajo hasta nuestros oídos los vestigios que recogió Vini Reilly.

Y los espacios que parece habitar son pequeños, oscuros y delicados, distintos a esta época y solo parecidos a los paisajes hilvanados en la mente poética del guitarrista. Una belleza frágil para perdurar.

Durutti Column – «The Missing Boy» (Live)

FACT 2.51, mentirosos y estafadores

Recojo fragmentos de lo que resta, pedazos no tanto para comprender el disco y sí para admirar la belleza del legado:

En mayo, The Durutti Column anunció su regreso con dos tracks: «Liars» y «Scammers», editados a fines de mayo y principios de julio de 2026. Mentirosos y estafadores, así, en plural. Como un manifiesto o un recuento de daños.

Además, «Scammers», al igual que «Liars», también tiene una letra en forma de cut-up que engaña más de lo que aclara. Un dato más aparece en el horizonte de este disco.

El hijo de Tony Wilson, Oliver Wilson, recuperó para Vini Reilly la voluntad póstuma de su padre: que Renascent ingrese en el catálogo mítico de Factory Records.

Si bien el catálogo se cerró con Tony Wilson como último hito (su funeral y la placa del cementerio llevan el número de catálogo FACT 501), el productor dejó estipulado que se le diese un lugar en el catálogo a Vini Reilly en caso de que editase un nuevo disco de The Durutti Column.

Y, si bien luego de la muerte de Tony Wilson en 2007 Vini Reilly editó discos como el bellísimo A Paean To Wilson (2010), homenaje a su amigo y mentor, no fue hasta Renascent que incorporó nuevamente un número del catálogo.

El 28 de julio, tres días antes de lanzar el disco, Vini Reilly escribió en su perfil de Instagram:

«Empathy is the essence of humanity. If you lose that ability to empathise, it’s the deadening of your own soul.»

(La empatía es la esencia de la humanidad. Si pierdes esa capacidad de empatizar, es el anquilosamiento de tu propia alma).

Quien escribió esto es uno de los guitarristas más sensibles y extraños que dio la escena musical de Manchester.

Testigo y sobreviviente de una generación que quiso ser más y mejor, Vini Reilly recuperó con Renascent el espíritu previo al estallido mancuniano para decirle adiós, del otro lado del tiempo, en una botella de náufrago rotulada FACT 2.51.

✏ Esteban Galarza

The Durutti Column – «For Friends Everywhere» (Visualiser)

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